Un ala opositora empieza a considerar la vía democrática en Venezuela

Es evidente que una esquina opositora que se ha ido desgajando de la retórica violenta, comienza a invocar la línea democrática como solución a los problemas del país.

Máquina captahuella del Consejo Nacional Electoral de Venezuela.

Es evidente que una esquina opositora se ha ido desgajando de la retórica violenta y comienza a invocar la línea democrática como solución a los problemas de Venezuela.

El diario opositor Tal Cual, por ejemplo, reseña el encontronazo entre los dirigentes de Voluntad Popular y de Acción Democrática, este lunes en la Asamblea Nacional:

Freddy Guevara, voz cantante durante todos estos días de protesta, propuso la elección de un nuevo Consejo Nacional Electoral y la formación de un gobierno paralelo.
No había terminado de hacer sus propuestas cuando Henry Ramos Allup lo paró en seco con un grito y le dijo que hasta cuándo iba a seguir haciendo propuestas irresponsables (…).
Guevara trató de ripostar, pero no pudo o no lo dejó. El dirigente blanco le dijo que había que concentrarse en las elecciones regionales y dejar de estar complaciendo a los radicales. Al parecer, Ramos Allup está rectificando.

Se refleja en algunos de estos dirigentes la imposición del sentido común, por la fuerza centrípeta de sus propias bases que rechazan mayoritariamente “la hora loca” del llamado a la violencia del Movimiento Unidad Democrática (MUD), la coalición opositora.

A la vez, las señales de desmovilización de las bases de la oposición se han hecho notar tras el abuso de las falsas expectativas triunfales, las agendas improvisadas, los rostros agotados, la fragmentación de sus liderazgos, la ausencia de proyecto de país, la falta de mandos constructivos y el vergonzoso contubernio con la administración estadounidense. No han faltado súplicas para que se produzca la intervención de los marines, o que Estados Unidos reescriba directamente la Constitución de Venezuela:

El 30 de julio se expresó el voto castigo a la MUD en los más de 8 millones de venezolanos que acudieron a las urnas, y también en los millones que se quedaron en sus casas y no se sumaron a los desesperados llamados de tomar las calles y caotizar las ciudades el país. Pero este desgaste opositor, consecuencia de la pésima administración del saldo político que obtuvieron en las elecciones parlamentaria y que ya hemos analizado aquí, comenzó mucho antes de las elecciones del 30 de julio para la Asamblea Nacional Constituyente.

Un opositor de larga trayectoria política, Enrique Ochoa Antich, publicó sus razones para abstenerse de participar en la encuesta del 16 de julio organizada por la MUD, uno de los tantos llamados a desconocer la autoridad del Estado venezolano -invocaron esta vez el artículo 350 de la Constitución-, y que concluyó en un pavoroso fraude y quemas de libros de firmas.

En declaraciones a Notitarde, argumentó por qué se había lanzado con aquella crítica demoledora contra sus propios partidarios:

“Entre mis amigos y algunas organizaciones he sostenido que la MUD dejó de ser mi dirección política desde que escogió este último camino del 350. Yo digo que estoy a mil kilómetros de distancia del Gobierno, pero a 450 de la MUD, a veces más lejos, a veces más cerca, de acuerdo a lo extremista que se ponga.”

Antes y después, no han faltado voces que se han levantado por la salida democrática y el diálogo para alcanzar la paz. Como botón de muestra, las opiniones de algunos analistas:

“Abandonar el camino electoral para sumergirse en la incertidumbre y la abstención sería un trágico e histórico error”, Eduardo Semtei en El Nacional.
“Entiendo la frustración y la rabia de una parte de la población, pero no hay ninguna otra forma de resolver este conflicto que no sea negociando”, Luis Vicente León en Twitter.

Cualquiera que se asome a esta realidad puede concluir fácilmente que la esquizofrenia entre el discurso pacifista de los líderes opositores y la realidad de algunas calles, con meses de bochornosa violencia, quema de personas vivas, ataques con explosivos y otros crímenes de odio patrocinados y ejecutada por el antichavismo, crearon las condiciones para que sectores amplios de la vida nacional suscribieran la consigna “Votos sí, balas no”.

Destaparon los demonios del terror, y así les fue.

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