Tillerson y Marco Rubio arremeten contra Venezuela; Fitzpatrick quiere diálogo

Canciller venezolano calificó declaraciones del Secretario de Estado como la peor amenaza contra el país desde 1902.

Marco Rubio, Michael Fitzpatrick y Rex Tillerson.

Obviamente, los voceros de Donald Trump no se ponen de acuerdo para hacer declaraciones sobre Venezuela. Mientras la mayoría de los funcionarios del Departamento de Estado siguen considerando legítimo al gobierno de Nicolás Maduro y no se plantearía reconocer a un posible Ejecutivo paralelo formado por la oposición, el jefe de la diplomacia dice todo lo contrario.

El secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, confirmó lo que ya había anunciado el jefe de la CIA, Mike Pompeo, acerca de los esfuerzos de la comunidad de inteligencia para derrocar al Presidente legímo de Venezuela, Nicolás Maduro.

En una rueda de prensa este martes, Tillerson aseguró que las diversas agencias de inteligencia de Estados Unidos están estudiando la forma de obligar al Presidente Maduro a abandonar el poder.

En una frase de su larga conferencia de prensa que pasó desapercibida para muchos, porque trató de numerosos temas internacionales y de organización interna del Departamento de Estado, Tillerson afirmó:

“Estamos evaluando todas nuestras opciones políticas para ver qué podemos hacer para crear un cambio de condiciones [en Venezuela] donde o bien Maduro decida que no tiene futuro y quiera marcharse por voluntad propia, o nosotros podamos hacer que el Gobierno [venezolano] vuelva a su Constitución”.

“Pero estamos muy preocupados sobre lo que estamos viendo allá abajo”, continuó Tillerson.

“Es un debate [interno] sobre gestión política que se está desarrollando esta semana a través del proceso inter-agencias”, o sea entre las diferentes agencias de información e inteligencia de EEUU que asesoran a la Casa Blanca y al Departamento de Estado sobre posibles acciones en política exterior.

Estas declaraciones fueron consideradas por el Canciller venezolano Samuel Moncada como “la más descarada amenaza de EE.UU contra Venezuela desde 1902. La locura desatada en el imperio”.

Sin embargo, el martes el principal encargado de Suramérica en el Departamento de Estado, Michael Fitzpatrick, dijo todo lo contrario de lo que, casi en simultáneo, declaraba su jefe.

Fitzpatrick matizó que Estados Unidos no se plantea reconocer a la Asamblea Nacional como ente de gobierno alternativo, incluso si ese órgano legislativo tratara de conformarse como aparato estatal paralelo.

Queremos dialogar con el gobierno del presidente Maduro”, aseguró Fitzpatrick en una entrevista con Efe en Washington.

“No reconocemos necesariamente gobiernos paralelos o aparte. Respetamos el gobierno oficial de Venezuela y del presidente Maduro en este momento”, subrayó el funcionario, que ocupa el cargo de subsecretario adjunto de Estado de EEUU para Suramérica.

El funcionario recordó que Estados Unidos tiene “relaciones bilaterales con casi todos los países del mundo menos un par”, incluso si no está de acuerdo con “su forma de gobierno”.

“Y en el caso de Venezuela, queremos apoyar al pueblo venezolano (para) salir de esta crisis”, y “mantener conversaciones diplomáticas” con el gobierno, destacó.

Efecto dominó, tronó Rubio

Durante una entrevista con Fox News, también en la noche de ayer, el senador Marco Rubio (R-FL) esgrimió “razones geopolíticas” que deberá considerar el gobierno de Estados Unidos para atacar a Venezuela.

Rubio hizo la observación que si Estados Unidos no toma acciones contra Venezuela, pronto toda América Latina será gobernada por la izquierda.

Ahora amenaza al gobierno de Honduras con un candidato de izquierda. El Salvador ya está a mitad de camino con su liderazgo actual. Nicaragua ya está en esa vía. Guatemala está a punto de ser un estado fallido debido a los desafíos que enfrenta, todo esto empujando hacia México, que tiene una figura de centro izquierda chavista que se presentará a la presidencia dentro de un año. Y así, rápidamente dentro de cuatro años, si esto funciona en Venezuela, veremos que se extendió a Colombia, Honduras, Guatemala, ya está en Nicaragua, El Salvador, y finalmente en México, y de allí directo a la frontera de Estados Unidos.
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