Crónicas de fuego en 24 horas

En Venezuela, los asesinos se presentan como héroes mientras las verdaderas víctimas son invisibles. Es la hora de la solidaridad internacional.

Por Atahualpa Barrios

Los cadáveres de dos hombres calcinados fueron encontrados esta mañana, uno de ellos, a pocos pasos de una barricada[1] levantada en una zona residencial. Entrada la tarde, circularon a través de las redes sociales videos e imágenes de dos hombres jóvenes apaleados por un grupo de encapuchados. Luego los mostraron corriendo desnudos, con las manos atadas, por una vía principal de la ciudad. Otras fotografías evidenciaban que habían sufrido quemaduras en varias partes del cuerpo[2]. Finalmente se supo que eran dos efectivos militares interceptados por jóvenes encapuchados cuando se desplazaban en un transporte público.

Estos hechos no ocurrieron en Siria ni son responsabilidad del Daesh. La noticia se registró la tarde del 28 de julio, en el estado occidental de Lara, en Venezuela, a escasas horas de la elección de la Asamblea Nacional Constituyente. Los afectados son miembros de la Guardia Nacional y sus victimarios, jóvenes opositores. Las crudas imágenes de este suceso fueron comentadas con júbilo en algunas redes sociales.

En la madrugada de ese mismo día circuló la denuncia de los miembros de Montaña TV, emisora comunitaria de un remoto pueblo de Táchira, estado fronterizo con Colombia: varios encapuchados intentaron sin éxito incendiar el canal.

También en las redes sociales circuló un archivo de audio, atribuido al sacerdote católico de La Azulita, en el cual una voz masculina conminaba a los efectivos de la Guardia Nacional a abandonar los centros electorales que iban a ser tomados por la comunidad de ese pequeño pueblo del estado Mérida, en la frontera con Colombia. Al caer la noche, otros reportes daban cuenta de que el material electoral había sido efectivamente quemado, en varias localidades. Así pues, el día terminó como comenzó: con noticias de fuego.

El relato de estas 24 horas es apenas una muestra de la escala de violencia ejercida por la oposición venezolana, cada vez más mimetizada con el paramilitarismo y claramente responsable de crímenes de odio, según la definición de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa[3] (OSCE). Sin embargo, el relato que se impone desde las corporaciones mediáticas internacionales es el de “jóvenes luchadores por la libertad contra la dictadura de Maduro”.

Y mientras la oposición redobla su apuesta por la violencia, buena parte de la población venezolana se prepara para participar en el proceso electoral del fin de semana, sin arredrarse por el descrédito y la grosera intimidación extranjera, que también arrecian.

Con orgulloso empeño, el chavismo se ha reagrupado para resistir esta nueva embestida. Ya están en el país numerosos observadores internacionales que acreditan la buena marcha del proceso electoral y la tranquilidad de las zonas populares de las ciudades, donde las guarimbas no tienen cabida.

Sin embargo, no es ésta la versión que el mundo conoce sobre nuestro país: claramente está en marcha una operación internacional sobre Venezuela, que busca imponer por la fuerza un gobierno proclive a los intereses económicos de la gran potencia del Norte. Por eso los asesinos se presentan como héroes mientras las verdaderas víctimas son invisibles. Por eso, gobiernos lacayos se hacen eco de la voz del amo y pretenden sojuzgar a un pueblo en ejercicio de su voluntad democrática.

Pero ya no cuentan con el mismo respaldo. Atrapados en su propia vorágine de intolerancia fascista, las terribles consecuencias de la situación de pre-guerra que han creado comienzan a volverse en su contra, al punto de que ya se observan resquebrajaduras en el apoyo a lo interno (amplios sectores de la población opositora hastiados y asqueados de tanta violencia sin sentido) y también en lo externo (países que hasta hace muy poco estaban de acuerdo con medidas injerencistas comienzan discretamente a marcar distancia).

Es la hora de la solidaridad internacional. Que los ojos del mundo busquen más allá de la postverdad mediática y reconozcan el camino soberano y democrático que el pueblo venezolano quiere transitar en paz. Defender la llama de la verdad en Venezuela hoy es defender la independencia de todas las naciones del mundo.

Notas

[1] En Venezuela se llama guarimbas a barricadas levantadas por civiles en vías públicas con objetos de diversa índole, desde cables de metal hasta cemento, postes de alumbrado público, árboles talados, etc.

[2] Lara: 50 Fascistas terroristas trataron de quemar vivos a dos GNB que iban en un bus, en https://www.aporrea.org/ddhh/n312182.html

[3] Según la misma OSCE, son crímenes de odio “Actos criminales por discriminación o en contra de un grupo particular de personas. Para que un crimen sea considerado de odio, la ofensa debe cumplir dos criterios. El primero es que el acto constituya una ofensa bajo una ley criminal. En segundo lugar, el acto debe ser motivado por discriminación“.

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